martes, 22 de febrero de 2011

Unas felices navidades

Me he despertado tras un extraño sueño de una corrida de toros con robots y zombies en una especie de calle mojada y un sueño erótico.
Me levanto con esa resaca desagradable que deja haber dormido demasiado y el aliento rancio e intento enfocar donde estoy.
No estoy en mi casa, no estoy en un lugar conocido. Estoy en una habitación abarrotada de camas entre las que apenas se puede dar un paso. La habitacion es antigua y parece un laberinto, hace una especie de forma de Ele con columnas. Las camas están encajadas a duras penas, y los pies de una chocan con la cabecera de la otra, de todos modos, hay un pequeño pasillo entre ellas y puedo ver el suelo. Es de esos suelos de plástico que imitan baldosas antiguas con unas flores feas y de un color calabaza y verdoso, aunque de pronto me parece amarillo y marrón, no estoy segura. La habitación tiene ventanas pero son tan bajas que se atraviesan en las camas de forma que para mirar hay que estar tumbado en ellas...es esto un entresuelo? veo la calle desde la ventana y observo un rato a la gente pasar sin atreverme a moverme, no consigo recordar donde estoy y por lo menos esto me distrae del susto.
Parece un entresuelo bajo y sin embargo la gente pasa por la habitación tranquilamente y hay gente bastante alta...¡Hay gente en la habitación!
Me cubro con la manta hasta los ojos y los observo pasar, parecen muy atareados, nadie se dirije a mi, nadie me habla ni me preguntan, ni tan siquiera me miran. Empiezo a no entender absolutamente nada.
Ahora que me fijo, la calle parece gris y ruinosa y la gente camina triste bajo una capa de lluvia, sin embargo en la habitación la gente anda alegremente y la luz es cálida. Observo que al final del cuarto hay una inmensa cómoda antigua de madera oscura con varios quinqués encendidos que desprenden una luz amarilla muy bonita.
También hay lámparas de techo de distintos tipos, unas mas antiguas que otras pero todas coinciden en pintar la habitación de amarillo brillante lo que le da un aspecto alegre.
Me decido a hacer el intento de levantarme puesto que oigo una conversación fuera de la habitación y decido aventurarme.
Entre las personas que atraviesan el cuarto de acá para allá hay gente de todo tipo pero el que mas me impacta es una especie de momia marrón de varios metros de alta que camina sin dificultad (y hasta gracilidad, fijate) entre las camas. Sin embargo emite un ruido horroroso de bisagras rozando y tiene un par de palos como agujas pinchados en el cuello y en los brazos.
Esto me parece una razón mas que suficiente para volver a cubrirme la cabeza con la manta y no molestarme en salir. Instintivamente me cubro la nariz para evitar el olor que supongo hará la criatura, pero pasa de largo con sus andares tranquilos (si bien, extraños) y yo no noto nada.
Me entretengo en pellizcarme temblando de miedo pensando que vuelvo a soñar y en ese momento alguien me toca en el hombro que está bajo la manta.
-Levántate perezosa, que te están esperando-
Me destapo cautelosamente y solo la línea de los ojos y veo a una graciosa niñita rubia que me mira fijamente.
Es muy mona y parece que no va a darme miedo así que me animo a sacar la cabeza y contestar:
-me espera quién? donde estamos? que es este lugar? a ti también te han secuestrado?
La niña parpadea un par de veces tratando de situarse y me contesta con una sonrisa:
-te está esperando la señora y llevas ya bastante retraso, date prisa que es Navidad!!
La miro incrédula, ya es navidad? pero si no recuerdo que fuese a ser ahora? no era febrero? quiza abril? qué me está pasando?
La niña suspira cansada por la espera, tras ella siguen cruzando la habitación al galope extrañas criaturas, hace una mueca y me dice:
-Eres reciente verdad? mira no me hagas perder el tiempo, todos los años me los paso esperando que llegue la Navidad y solo es un día así que no me lo voy a perder, si no quieres no vengas.
Y se pone en camino.
Rápida como pinchada por un resorte me levanto para seguir a mi única posible guía. Camino detrás de ella por la habitación sorteando las camas y a los transeuntes y parece no acabarse nunca, no comprendo por qué antes no me parecía tan larga. La observo con detenimiento, lleva un vestido antiguo de encajes blancos y azulados y un peluche de un osito rosa sujeto bajo el brazo. El pobre osito está ahorcado por su cariñosa dueña.
Empiezo a hacer cábalas sobre lo dicho por la niña: por qué no consigo recordar nada? reciente? como que reciente? todos los años?
Mientras le doy vueltas a todo esto me lleva a un cuartucho sucio y viejo con un gran espejo. Es como media habitación o un antiguo baño al que se han desinstalado todos los enseres y solo conserva el gigantesco espejo rodeado de grandes bombillas.
Hay una mesa de esas montadas sobre caballetes y en algunos trozos la lámina que la recubre se ha roto dejando ver las virutas de aglomerado de su interior.
También hay algunos taburetes aunque nadie los usa. Hay un gran ajetreo frente al espejo y no estoy segura de por qué.
La niña me lleva hasta la "señora" que resulta ser una anciana (pero muy muy muy anciana) muy arrugada y huesuda pero con un rostro amable y gentil. Me observa llegar y me sonrie:
-De modo que tu eres la recién llegada? siento tu pérdida querida pero que le vamos a hacer? es ley de vida...ahora te espera una vida tranquila, pero no te preocupes, aquí todos te ayudaremos a superarlo, somos tu nueva familia y te querremos siempre.
Como solo disponemos del día de Navidad (y los Mexicanos el uno de noviembre también, suertudos)tenemos que darnos prisa. Puede que tus primeras Navidades desees celebrarlas con tu antigua familia, lo comprenderemos y lo aceptaremos, pero no te aconsejo que te apegues demasiado al pasado...
-Para, para, espera, mi nueva familia? Navidad?pérdida? de que me estás hablando? que es este lugar? donde estoy? quién es el hombre momia raro ese?
La mujer me sonrie con dulzura de nuevo:
-Estás muerta tontina, no te has dado cuenta aún porque cuesta un poco asimilarlo sobre todo por la sensación que tienes ahora de estar viva...los muertos dormimos tranquilamente todo el año y el día de Navidad volvemos a la tierra para divertirnos un poco, generalmente porque es una fecha fácil para ponerse de acuerdo y alegre. Es una festividad con muy buena acogida. Hasta Ramsés (el hombre momia raro ese) lo lleva bastante bien...
-Cómo que estoy muerta? No puede ser!!
-Si es, me temo. Y mas vale que no le des muchas vueltas y te adaptes lo antes posible.
-Y mi familia, puedo ir a verles?
-Si, poder puedes, pero solo tienes un día y la visión de la pérdida de tus seres queridos te hará sufrir bastante, así que te aconsejo que no te amargues y disfrutes de la fiesta y los regalos.
-Dónde estamos?
-Bueno, en una realidad paralela, es un lugar construido por recuerdos de las personas que están aquí, por eso cambia a veces, porque van perdiendo la memoria con el tiempo, o porque no se fijaron bien en esos detalles o porque necesitamos añadir algo nuevo(como las camas) para adaptarlo a nuestras necesidades...El cuarto donde has despertado hace un momento es obra de Lucy.
Miré a la niña sonreirme contenta y supuse que se refería a ella, por eso imaginé que Lucy debía haber muerto a principios de siglo.
Pasé la vista por la habitación y me fijé más detenidamente en las personas que pululaban, unos en mejor estado que otros, había una mujer azulada que probablemente murió de hipotermia y una que estaba en un estado tan pésimo de conservación que intentaba disimularlo cubriéndose con capas y capas de maquillaje.
-El maquillaje es fundamental- comentó la anciana con su misma voz plácida-cuanto más te cuides mejor te conservarás con los años, lo cual está muy bien, algunos no tenemos ni un rasguño todavía, si necesitas algo de maquillaje solo pídemelo y buscaremos uno que te vaya.
-Bueno yo no creo que me haga...
-Mirate bien querida, te estás pelando un poco...
Me vuelvo hacia el espejo y ahí está, un rascón en la mejilla del tamaño de mi palma, rojo con la piel desprendiéndose de él. Entro en pánico, no puedo hacer otra cosa más que mirarme con la mano en la mejilla y gimotear espantada. Siento las lágrimas que afloran y me pregunto cómo puede llorar una muerta. Estoy en shock, mirándome y pensando:-Dios mio, estoy muerta, estoy muerta entre bichos raros y encima me estoy pelando la cara.
-Tranquilízate-me dice la mujer-prueba este, creo que va bien con tu tono de piel,a ver que tal.
Me alarga una cajita con lo que parece un colorete rosado en un polvo muy suave y una brocha para extenderlo. No me parece que vaya a ser muy efectivo, sin embargo y porque no puedo pensar demasiado de tan aturdida como estoy, tomo una gran pincelada y me la extiendo por el rostro.
Me tiemblan tanto las manos que me cae una barbaridad de polvo sobre la cara, el hombro y el cuello y al entrar en contacto con mi piel se vuelve negro brillante con algunos reflejos rojos.
-Yo creo que no es mi color-acierto a decir.
-Frotalo bien con la palma de la mano, ya verás-
Empiezo a frotarlo con cierta fuerza, y es cierto, el color desaparece y vuelve a ponerse rosado, de hecho se funde con mi piel y la herida desaparece como por arte de magia. La miro sorprendida.
-Tendrás que cuidar mucho esa zona de ahora en adelante- comenta la mujer-va a darte problemas.
-Qué somos?- pregunto finalmente- zombies?
-mmm, no, yo creo que no. Desde luego conservas tu cuerpo, es decir, eres una aparición carnal y no solo energía, sin embargo no compartes el plano de tu vida anterior. Por eso es importante que cuides tu cuerpo. Pero no, no somos ni fantasmas ni zombies ni ninguna criatura de ficción. Simplemente estamos muertos.
-Y puedo encontrarme aquí a cualquiera?
-Bueno, realmente no, hay muchos planos de muertos, y además, hay muchos que no quieren levantarse a celebrar la fiesta, porque están muy a gusto dormidos. Si estás pensando en gente como Hitler (que es una pregunta frecuente) no, no te lo vas a encontrar.
-Y ahora que debo hacer?
-Lo que tu quieras! puedes ir al salón a celebrar la fiesta o a donde te apetezca, hay quien prefiere pasar este día solo.
-Creo que me gustaría ir a mi casa
La mujer me mira:-lo comprendo...-murmura- claro ve a donde quieras, encontrarás tu casa sin dificultad, no tiene pérdida.
Sin más se da la vuelta y se dedica a atender a otros en su acicalamientos, se pasea de acá para allá con su sonrisa dulce y Lucy la sigue fielmente cogida a su falda y abrazada a su osito.
Salgo de la habitación y me dirijo a la puerta que se parece sospechosamente al recibidor de la casa de mis abuelos. Me viene a la memoria lo que me ha dicho la mujer sobre las habitaciones de la casa. Como nadie tiene interés en salir, son mis recuerdos los que dan forma a la estancia.
Atravieso el umbral y llego a la calle. Es una especie de claustro de piedra decorado con arcos, es gris y el agua chorrea por las paredes que están invadidas por musgos y helechos.
Desde los arcos vislumbro calles y plazas, todas vacías en un día de diciembre lluvioso.
El sonido del agua corriendo me pone melancólica.
Siguiendo ese camino llego fácilmente a mi casa, pero que no es mi casa; es un compendio de todas las casas en las que he vivido, una sucesión de recuerdos que se superponen entre sí.
Me pregunto si mis padres estarán dentro o si encontraré mil imágenes de mis padres, cada una correspondiente a un recuerdo diferente.
Pero no, en una habitación encuentro a mi padre. Está ocupado, pero le veo gris y triste, como el resto de personas que he visto desde la ventana.
Le llamo, pero no me escucha, está completamente ido, con la mirada perdida y no puede verme ni oirme.
Me dedico a mover libros a lo poltergueist para hacer notar mi presencia, pero él, ni se inmuta.
Soy corpórea, pero en este momento soy consciente de que ocupo un plano de la existencia completamente diferente al suyo.
Me voy enfurruñada a mi habitación, como hago siempre y enciendo el ordenador para relajarme un poco. Tecleo sin ton ni son hasta que empieza a dolerme la espalda. Me doy cuenta de que estoy completamente torcida, tanto es así, que me levanto para verlo de lejos.
La mesa, el ordenador, la silla y hasta el suelo están en una extraña diagonal, acercándose hacia el techo, que también está torcido. Pienso en lo mucho que me han gustado las buhardillas siempre y mi deseo de vivir en una. Sin embargo me voy a mi dormitorio.
Tampoco parece mi dormitorio sino todos los dormitorios en los que he vivido, mire donde mire cuando me vuelvo hacia una pared veo la parte que mejor recuerdo de cada cuarto. De nuevo pienso en lo mucho que me gustaban las buhardillas y que de pequeña siempre quería una, y de nuevo el techo se acerca hacia mi.
Ya no tengo claro lo que he vivido, lo que he deseado y lo que simplemente he visto, pienso:-tenía vigas de madera?- En ese instante unas vigas oscuras se resaltan en el techo blanco, que también comienza a oscurecerse. Entre las vigas veo unas cabezas de carnero colgadas que me miran con ojos burlones.
Paralizada del susto, entro en pánico y me digo:- si me desmayo y armo un buen jaleo al caer, papá lo oirá y vendrá a rescatarme, como siempre- Dicho y hecho, cojo un montón de libros y me tiro al suelo fingiéndome desmayada.
Espero silenciosa y sin moverme a oir pasos subiendo por la escalera y su voz preguntándome si me he hecho daño.
Pasa una hora, pasan dos y ahí estoy, viendo al carnero de ojos azules riéndose abiertamente de mi, que estoy tirada en el suelo sin moverme.
-De qué te ries imbécil?- le espeto y con sus ojos sin párpados mira hacia la ventana.
Cuando me doy cuenta, las farolas empiezan a encenderse y me doy cuenta de que la noche está cayendo y yo llevo allí toda la tarde, entre el ordenador y estar tirada perdiendo el tiempo tontamente he perdido mi único día medio viva.
Me levanto y pienso en bajar a ver a mis padres, pero de pronto prefiero no hacerlo.
Se lo que voy a ver, voy a ver a mis padres grises y tristes, sin hablar y removiendo el tenedor en el plato sin decidirse a comer, no van a celebrar nada y estarán muy deprimidos. Siento un pinchazo en el pecho que se me clava al pensar en ellos, en sus rostros, pienso en lo que me ha dicho la anciana, que no me aferre al pasado.
Si fuese un fantasma a lo mejor podría aparecerme, dejarles un mensaje escrito diciéndoles que les quiero, que sintiesen mi presencia en fin, que supiesen que yo también les echo de menos. Pero no puedo.
Sintiéndome impotente y estúpida decido volver a la casa, pero la fiesta ya habrá acabado.
Tal vez lo intente el año que viene, de momento, tengo mucho sueño y me voy a dormir.

5 comentarios:

Vikingo_Internauta dijo...

Muy chulo, pobre pulu que tiene sueños raros.
Deberias escribir mas :3 me gustan

Cassandre dijo...

Ahora entiendes por qué duermo mal XDD

Laurita Malaleche dijo...

voy a tener pesadillas, escribes demasiado bien

Cassandre dijo...

Gracias lauripide.
Uhhhh si os gustan estas cosas se ha abierto la veda XDD
Vais a entender porque tengo pesadillas XDDD

RhiA dijo...

Mmm... Me ha gustado mucho, sigue escribiendo!