domingo, 22 de agosto de 2010

Nuda Veritas

Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad con la ayuda de Dios?
Eso, y más.

¿Qué es exactamente la verdad?

Es aquello que nos enseñan desde niños a decir siempre y bajo cualquier circunstancia a todo el mundo, aquello que si no cumplimos a rajatabla se convierte hasta en un pecado que puede llevarnos derechos al infierno. Los niños pequeños, no son idiotas en absoluto, y ven y oyen perfectamente, a veces más de lo que pensamos, se convierten en pequeños espías, en vehículos de información. En tiranos, en personitas crueles que siempre dicen lo que piensan, aunque lo que piensan sea horrible.
La verdad, es aquello que hace daño, aquello que muchas veces no deseamos oír. La verdad es aquello que suavizamos para no hacer daño a los que queremos, para no dañar nuestros intereses.
Es aquello que puede perjudicarnos, algo que no se valora; nadie quiere un empleado que le diga lo estúpido de nuestra política de empresa. La gente quiere un empleado que le diga Quién dijo semejante calumnia, aunque no sea cierta.
Es aquello que nos rompe el corazón, cuando alguien sin tapujos es capaz de decir "ya no te quiero" o "te odio" aunque sea la verdad más grande del mundo, aunque sea mejor para todos, nos duele y odiamos a la persona que nos lo dice, aunque el día que la conocimos le pedimos, le rogamos que siempre nos diga la verdad.
¿Qué es entonces la verdad?
Es aquello que no queremos oír ni a solas, aquello por lo que obligamos a nuestra mente a callar, aquello que puede llegar a torturarnos por no reconocerlo a tiempo.
Aquello, que el día que reconocemos su presencia y nos rendimos a la evidencia de su realidad, aquello en lo que pensamos realmente, nos llena de felicidad y de una carcajada incontenible y también de tristeza ante la crudeza de su rostro.
Es aquella cosa injusta, que no deben decirnos, si nos aman lo suficiente, y a la vez, la mayor prueba de amor y confianza.
Es aquello que omitimos cuando nos molestamos con alguien, y queremos hacerlo parecer peor de lo que es, para manipular la opinión de los demás hacia nuestro bando, y también es aquello que omitimos cuando queremos mejorar la opinión de los demás hacia alguien o hacia nosotros mismos exactamente con el mismo fin que lo anterior.
Porque, cómo aceptarían nuestros amigos y parientes a nuestra nueva pareja si les contásemos nada más llegar que lo han detenido nueve veces entre ellas una por asesinato?
A veces me pregunto, el por qué de esa insistencia de niños en que digamos la verdad siempre, cuando con los años, una goma de borrar moral aniquila ese principio dando espacio a nuevos conceptos como son la diplomacia, hacerse el loco, las mentiras piadosas, la verdad parcial, el disimulo, las mentiras, las mentiras podridas, la ocultación y la traición.
Por qué a las personas que insisten en decir la verdad se las tilda de animales, de bestias, de asociales, cuando la dicen.
Por qué si alguien se niega a fingir agrado por otra persona si esta no le gusta es un grosero o un maleducado si esta persona previamente le hizo daño a la otra. No es más grosero regodearse en su dolor fingiendo que nos importa? No es más fácil ser sincero e ignorarlo?
No es más fácil decir; dejemos esta relación, por muy familia que seamos soy consciente de que no te importo.
No es más fácil decir; me enamoré de ti pero desgraciadamente no siento lo mismo ahora.
No sería más fácil mirar para otro lado cuando vemos al niño que nos rompió un diente en el colegio y nos jodió la infancia en lugar de saludarlo por la calle y decirle lo guapísimos que son sus hijos cuando en realidad lo que deseamos es decir: ojalá encuentren un matón como tú y no puedas hacer nada y ese día te acuerdes de mí.
Por qué decimos que estamos enfermos o que tenemos mucho trabajo cuando lo que deseamos decir es, mira, hoy no me apetece ver a nadie, sin más explicaciones.
Si realmente educásemos a la gente en la verdad, no sería necesario educar en la mentira, no sería necesario decirle a nuestros hijos antes de que llegase la visita; no le digas que ayer la perra comió las sobras de la comida o pensarán que la desperdiciamos, ni se te ocurra decir que compré aquel vestido tan caro...Es sorprendente lo perfecta que tengo la dentadura a juzgar por la cantidad de veces que me han dado un codazo para que me callase.
Vivimos demasiado preocupados de la opinión de los demás y a veces no nos damos cuenta de que a los demás les importamos tan poco que no tienen ni opinión sobre nosotros.
Y hay veces también que obligamos a los demás a mentirnos, cuando nos ofendemos por haber oído una verdad que realmente no va ni con nosotros.
Es un experimento que llevo años haciendo con algunas personas, con una en concreto, por la cantidad de años de relación, Ella me enseñó que la verdad, lo que pensamos en cada momento se podía decir y no tenía por qué ser molesto ni doloroso, sino simplemente, las cosas como son, que hasta puedes reírte de ello y no darle más importancia.
Con el tiempo, es una realidad a la que te acabas acostumbrando, una sinceridad que deseas y una opinión que deseas escuchar, libre de toda contaminación y que valoras.
Sin embargo, es como la Desnuda Verdad de Klimt, que sostiene un espejo en el que el mundo, todavía no quiere mirarse.

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