jueves, 17 de septiembre de 2009

La guerra

Lancé una bola de nieve al vació y comenzó a rodar por la colina.
Y la nieve espesaba sobre ella, cubriéndola de capas como una perla de hielo y agua.
Y rodaba tanto, que todo absorbía dentro de ella, piedras, ramas, odio...
Y nadie podía pararla, nadie quería pararla, nadie se atrevió a pararla.
Y rodó tanto colina abajo, que una pequeña bola de nieve se transformó en un alud
Gigante, injusto
Y nada ni nadie parecía poder detenerlo.


Hay una persona, esta vez, no citaré su nombre, que continuamente me habla de la guerra.
No de la guerra como habla mi padre o como hablaba mi abuelo, que con 16 años y sin saber nada de la vida lo enrolaron para matar gente, que hablaban de eso como si fuese un picnic por el monte más que una guerra fratricida.
Habla de la guerra en términos dramáticos, dándose importancia y diciendo cosas del tipo:
-yo he visto cosas, me han torturado, me han acuchillado, me han disparado, mi cara está surcada de cicatrices...
Es obvio, lo se, que la guerra se parece más a eso que al paseo por la campiña, pero precisamente porque es obvio, que no es necesario exagerar.
Yo no he visto más que una vez en mi vida un cadaver, no he visto disparos, no he visto más muerte a mi alrededor que la natural, y sin embargo, se lo que es vivir en guerra.
No la guerra estúpida de dos naciones vecinas que deberían quererse en lugar de matarse.
La guerra estúpida de miembros de una familia que deberían quererse en vez de odiarse.
Yo también he visto cosas, a mi también me han torturado con palabras, me han acuchillado cuando yo no estaba para defenderme y me han disparado palabras horribles.
Y si, mi alma también tiene cicatrices, y que?
No por eso hablo de ello las 24 horas para demostrar "que se de lo que hablo"
Pero si pienso mucho, pienso en el origen de la guerra y en su por qué, me hace entender el por qué de las guerras grandes, entre gente que no se conoce si gente que ya comparte la sangre y la vida entera prefiere matarse a ser feliz.
El rey de la Nada, un vasto imperio, tomó una bella esposa y tuvo 4 hijas, todas de distintas bellezas y espíritus.
La mayor de ellas, era arraigada, amaba a sus padres por encima de todo y deseaba estudiar y convertirse en una persona válida no solo por el hecho de ser princesa.
La segunda era rebelde, y llevaba la contraria a todo lo que se le decía, era envidiosa como su padre y con el tiempo la locura hizo mella en su espíritu.
La tercera era buena persona, le gustaban los deportes reales y era realmente hábil con las labores del hogar, sin embargo no siempre era constante y era impulsiva en sus decisiones.
La más joven, era una persona con gusto por el arte de la danza y a ella decidió dedicar su vida.
Era alegre pero cuando algo le ocurría lo guardaba dentro de su corazón , cerrado, y no lo dejaba salir hasta que esto rebosaba.
La primera de las batallas fue porque el rey hizo competir a las princesas por su amor y su herencia, el Imperio de la Nada, que abarcaba tierras desde ninguna parte hasta ningún sitio.
Y las princesas lucharon por su amor.
Y entre ellas nació el odio y la envidia y el rencor.
La reina madre amaba a la cuarta por encima de las otras y lo demostraba constantemente, dejando a las otras tres a merced de su padre, más tarde descubrió que el rey tenía una amante y eso provocó nueva guerra que duró muchos años.
La segunda hija sembraba el odio y las disputas y dejaron de verse finalmente entre ellas.
La tercera y la cuarta firmaron un pacto de amistad y la mayor se encerró en la torre de marfil que habitaba, sola, inexpugnable e intentando ser pacífica.
Pero la bola de nieve ya había empezado a rodar, hacía muchos años y arrastraba todo consigo.
Una sola mirada, una sonrisa, un comentario, en la vibración de la voz, en todo, se desataba sus perspicacias viendo a veces, imaginando otras desdén, odio, rabia y la bola de nieve se hacía más y más grande.
Hoy en día, yo, la nieta del rey loco, junto con las hijas de las hermanas de mi madre, intentamos parar la bola de nieve, ya demasiado inmensa, demasiado incoherente, demasiado irracional.
Y no podemos.
No podemos si nuestras cuatro princesas- madres que nunca serán reinas de nada porque ninguna debería ser más que otra no se sientan a hablar y se dicen las verdades a la cara, sin puñaladas traperas, sin críticas a las espaldas, sin sonrisas delante y lágrimas detrás.
Yo no quiero más guerra a mi alrededor.

1 comentario:

Cassandre dijo...

Me comento a mi misma que me hace ilusion: aprended a leer las cosas como son y no leais lo que os da la gana, que no es nada malo lo que aqui pone si se lee hasta el final.
Ademas, es mi blog, y escribo lo que me da la gana.