sábado, 9 de mayo de 2009

El color de mi piel

Solo cuando voy en silencio, cuando nada me perturba, solo cuando no me mantengo ocupada puedo oirla.
Es mi propia voz, pero mi propia voz interior.
Es la que siempre me dice la verdad, aunque ni yo misma desee oirla.
Por eso la hago callar, porque todos la tenemos ahi, pero pocos tenemos el valor de escucharnos a nosotros mismos.
Somos el peor juez, el peor critico, el más implacable torturador y a la vez el más condescendiente.
Nos contamos mentiras, nos ignoramos, nos engañamos continuamente porque las verdades duelen.
¿No te das cuenta de que eso no funciona? ¿de que no es para ti? ¿de que estás equivocado?
Si, claro que me doy cuenta, cuando no estan las otras voces, aquellas que no puedo callar voluntariamente, hay algo que me lo susurra continuamente, hora a hora, minuto a minuto.
Apenas duermo por las noches y se que es porque me mantengo en silencio durante todo el día, ocupada, le procuro entretenimiento a mi voz interior, entretenimiento barato o elevado, pero entretenimiento para hacerla callar, para que me olvide.
Pero de noche nada le impide acosarme, en el silencio irrumpe en mi sueño y discute conmigo durante horas, que físicamente paso dando vueltas en la cama.
Una vez más intento negociar con ella, como quien da un juguete a un niño o a un gatito para que se distraiga, intento leerle, le proporciono lecturas sencillas y absorbentes para que no me acose a preguntas, para que no me discuta.
No puedo sentirme sola, paso el día envuelta en música y cuando la música acaba, hablando aunque sea por teléfono.
No puedo ir ni a dar un paseo sola, necesito a alguien para hacerme callar a mi misma.
Pero hace unos días la música acabó y no tenía ganas de hablar con nadie.
Y bajé al rio, y comencé a caminar sin preocuparme de a donde iba, ni cuanto tardaría, ni cuando volvería a casa, ni si era de día o de noche.
Paso a paso, mi voz comenzó a salir de su letargo:
- Aquí estamos- murmuró cohibida- ya no me dedicas tiempo...antes hablábamos mucho pero ahora...
-No porque se lo que tienes que decirme
-Te has olvidado de mi...
-No me he olvidado...
-Ya no pasamos tiempo juntas, vamos cada una por nuestro lado, y algo no funciona, por eso no te dejo dormir, por eso ya no sueñas y solo te acosan pesadillas, porque ya no me das lo que necesito, lo que necesitamos.
Ya no tienes tiempo para aquello que amas o que dices amar, dices que amas a los tuyos, a ti misma, a tu arte, y sin embargo no nos das nada a ninguno.
Ya no ves, ya no oyes, y oler...bueno...nunca has olido realmente bien.
Todo son conflictos, todo desequilibrio y ya no tienes ni tu paz.
Recuerdas cuando oías el susurro de los árboles? Como al pegar el oído a su tronco escuchabas la savia fluyendo por su cuerpo? oías sus voces, leías en los ojos de la gente y ahora nada.
Nada salvo obligaciones, frustración, rutina.
Te mueves como un autómata, cuentas el tiempo.
Eres incapaz de fallar sin excusa, eres una prisionera.
No sabes decir no quiero o no me apetece, solo no puedo o no debo...que te ha pasado?
Hacía tanto tiempo que no la escuchaba que cada palabra se me clava en el cerebro declarando a voz en grito,- Tienes razón, -Tengo razón.
Debería de haber llorado, pero lo olvidaba, esa voz es paz, no es tristeza, y cada reproche que me hace parece liberarme de una carga pesada.
Cada frase de nuestra conversación, de mi conversación me despierta un sentido, una ráfaga de viento trae olor a mar y recuerdo cuanto hace que no lo veo, el azul intenso y la luz de una tarde de primavera me duele en los ojos, y recuerdo cuanto me gustaba caminar descalza por el cesped, y cuanto me gustaba escuchar a los árboles y a los pájaros y el olor de la resina de los pinos en mis dedos.
Recuerdo cuanto tiempo me he alejado de mi misma por no oirme, y de pronto veo mi piel, y la veo blanca y gris, vacía y sin vida, ha perdido su tinte verde.
Me he acostumbrado tanto a este mundo real que he olvidado mi mundo de sueños; he asimilado su dieta, sus alimentos, su rutina, su órden, yo, que soy el desorden en si mismo.
Yo, que había olvidado el verdadero color de mi piel.

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