lunes, 15 de septiembre de 2008

El mentiroso

Yo no miento. Ya se que como todo el mundo; nadie miente, todos somos buenísimos y las personas más sinceras y bellas de la creación.
Bueno podría dejarlo ahi y quedar como una santa. O puedo justificar mis razones y demostrar que yo no miento y por qué no lo hago.
Por intuición o por vibraciones astrales que no se explicar suelo reconocer fácilmente a una persona turbia por asi decirlo o que me esta mintiendo; pero casi simultáneamente al mensaje mental de peligro con sus lucecitas rojas y sus alarmas me sale otro que me dice: - pero vamos a ver alma de cántaro; por qué esta persona te iba a mentir?.
Y con esa lógica un poco absurda de que nadie es malo hasta que se demuestra lo contrario me muevo en un continuo estado de relativa inocencia, confiando en todo el mundo y luego llevándome los palos que me llevo (todo sea dicho de paso).
Me reitero: yo no miento casi nunca.
Normalmente a la gente que me rodea llamemosla "importante" lease compañeros de clase, amigos, familiares, profesores, jefes, etc no tengo ningún motivo para mentir.
Entiendo mentir por contar una batallita inverosímil no entiendo muy bien la razón, tal vez para llamar la atención o para inspirar compasión o cariño.
Aquí me encuentro con el primer matiz: de pequeña mis padres no me creían muchas veces porque soy lo que mi madre llama una niña fantasiosa: siempre veía historias fantásticas que contar, unicornios, duendecillos, hadas (y todo eso sin el consumo de estupefacientes!) así que cuando contaba alguna cosa seria de verdad les costaba creer que fuese cierto.
Hubo una vez que se incendió una parte de la casa de campo donde íbamos de vez en cuando y hasta que mis padres no oyeron voces de los vecinos no se lo terminaban de creer.
Hoy en día canalizo todas esas fantasías escribiendo así que es un motivo menos para que yo mienta.
Despues tengo el segundo matiz: la reinterpretación de los hechos. Cuando nos sucede algo que contamos a mucha gente, sobretodo una conversación con alguien la distorsionamos un poquito, no intencionadamente, son exigencias del guión.
Queremos que nuestro interlocutor sienta las emociones que nosotros sentimos en ciertos puntos de la conversación (ese momento que te dejan de piedra, o en el que te indignas por un insulto velado...) para ello, hacemos hincapié centrando ahí la atención de la conversación aunque realmente ese no fuese el verdadero punto de interés.
Nuestro interlocutor nos ayuda, se sorprende, se indigna o emociona con nosotros: ha hecho el efecto deseado, pero en ese momento llega una tercera persona y nuestro interlocutor le dice:- que te cuente lo que le ha pasado con Pepito! (y te guiña un ojo)
Halagada tu vanidad le cuentas con todo lujo de detalles la conversación reservando para el final el gran momento que ayudado por el interlocutor uno, exageras un poquito más.
Si te has indignado la cosa es peor porque tu punto de vista ya esta viciado de base.
Y así es como una conversación que muy bien podía versar sobre coliflores acaba pasando a los anales.
Como tercer matiz me gustaría hablar de la ocultación de hechos: porque nadie le cuenta todo a todo el mundo; hay cosas que porque nos dan vergüenza, o porque nos dejan en mal lugar o porque simplemente no les damos la debida importancia no las contamos.
Así entre que una persona pueda ser más o menos fantasiosa, que la versión de los hechos se altere cada vez un poquito más y que anulemos las partes del cuento en las que salimos poco favorecidos, una persona puede no mentir nunca, pero tampoco decir completamente la verdad.
La mentira a mi modo de ver es intencionada completamente mientras que las acciones que he descrito son de un modo inconsciente y pienso que la mayoría de las veces, inocente.
Mi principio de no mentir a la gente importante y que pienso que no lo merece no se basa en un precepto religioso, ni siquiera en una moralidad exacerbada: simplemente esque no necesito mentir y me gustaría que a toda esa gente a la que creo simplemente por lo que son y porque creo en su bondad intrínseca tampoco sintiese nunca esa necesidad.
Sin embargo, y contra todo pronóstico, soy buena actriz y miento bien.
Cuantas veces algún chulito en su momento "machito alfa" me habrá soltado esa frase que aborrezco refiriéndose a las infidelidades:- si yo quiero no me pillan- a la cual yo más bien le añadiría un matiz:- si yo quiero no te pillo.
Porque para mentir tienen que unirse dos factores: que el que miente lo haga bien: que no se le escapen risitas ni titubee y que la mentira no sea un insulto a la inteligencia y que el que tenga que creer realmente quiera creerlo.
Aquí empieza el juego del mentiroso:
¿conoceis ese juego de cartas? para quien no lo conozca lo explicaré brevemente: el juego consiste en que se reparte una baraja completa entre los jugadores, uno dice;- vamos a bastos (por ejemplo) y todos "tiran bastos" esto es dejar las cartas del revés sobre la mesa.
Puedes dejar una dos o 20, las que tu quieras pero en algún momento alguien puede voltear tus cartas y ver si realmente tiraste bastos o copas.
Si has mentido te quedas todas las cartas tu, si dijiste la verdad se las queda el que destapó por dudar de tu palabra. Gana quien acaba sus cartas primero.
Evidentemente la gracia del juego está en las miraditas, en la tranquilidad, en no dar ningún indicio de que eres un maldito trolero.
Y con una mirada impasible y un indiferente:- destapa, vamos- puedes colar 13 cartas ( y no 12, el máximo de un palo) y que ninguna sea del palo que se ha pedido.
Ahora, tras esta breve introducción (¿?) volveré a las vías del metro.
El juego del mentiroso se puede jugar en el metro; lástima que la gente no lo sepa.
Puedes probar a pasar sin billete, sin dinero o incluso para los amantes del riesgo y la artesanía, puedes retocar un billete de modo que un día 10 se convierta en un día 18.
Eso es lo fácil, lo dificil es colársela al revisor que esta además, muy poquito dispuesto a creerte.
Es más, en lugar de partir de la base de que todo el mundo es bueno y lleva billete, al contrario que yo, es más partidario de que todo el mundo es malévolo y engañoso y que nadie lo lleva (esta es la razón de la existencia de los revisores; si confiasen en nosotros como individuos buenos y temerosos de Dios no existirían).
En fin, el revisor se acerca a ti a grandes zancadas y con cara de pocos amigos y revisa tu carta con la misma expresión de desconfianza que el que las destapa en el juego.
Si tu expresión es de horror y la mentira se tatua en tu rostro, has perdido.
Entre las grandes mentiras ( reconozco una discriminación positiva en favor de las mujeres, lo siento chicos, lo teneis más difícil) constan:
-lo siento no me dió tiempo a ticar, vino el tren y subí corriendo
-el billete no pasaba por la maquinita (esta es buenísima) creo que está arrugado
-La taquilla estaba cerrada así que no he podido comprar el billete (prueba a indignarte) en qué invierte metro valencia todos los billetes que pago? podríais poner maquinas en los dos lados del andén no?
-me ayudan señores guardias? (mis pobres angelotes ingenuos de prosegur) llevo un rato aquí y nadie me abre, creo que el billete debe de estar estropeado porque lo saqué esta misma mañana (pestañeo, pestañeo) he llamado al interfono ese de emergencia pero no debe de haber nadie...
Probadlo, tiene su aquel.
Y esta es la razón por la que digo que yo casi nunca miento

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