viernes, 29 de agosto de 2008

In nomine Patris

Hoy es el cumpleaños de mi padre y el lunes será el de mi madre. Pensaba hacerles dos regalos de esos de paquete y lazo enorme, pero ambos me han dicho que no lo haga (aunque como siempre haré lo que me de la gana).
Lo que sí me han pedido para mi sorpresa, esque les escriba algo sobre ellos y aparezca publicado aquí, ¿y quién soy yo para negarme?
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Hay dos personas en el mundo que le dan (si cabe) más vueltas a las cosas que yo.
Aunque nuestras mentes van por distintos derroteros y mientras yo divago sobre lo divino y lo humano rozando los absurdos ellos caminan por el sendero de lo practico.
Él, es esa clase de pesona a la que nadie le cae bien pero que gusta a todo el mundo y Ella, la que nunca se da a conocer porque siempre tiene miedo a no agradar.
Son extraños, diferentes, especiales y a veces parecen personajes de un cuento fantástico de la invención de algún chiflado.
Dicen, que nuestro alma gemela, nuestra otra mitad existe realmente; una persona que es exactamente igual que nosotros pero el destino, juguetón como es, coloca siempre a esa persona lo más lejos posible nuestro, para evitar el colapso y posterior infarto que nos daría al encontrarnos cara a cara con ella.
Siempre he querido una relación tan perfecta (sinónimo de Virgo) como la de mis padres; solo los he visto discutir dos veces durante mi infancia y ha sido (podeis creerlo?) la discusión más absurda y corta (unos 30 min) de la historia.
Para mí, todo lo que dijera de mis padres es poco; de niña veía a mi padre con todos sus defectos que sin embargo no descubrí hasta más tarde, cuando puse atención a ellos.
Mientras tanto se mostró titánico, protector casi como un dios al que siempre he profesado admiración, devoción y un amor especial.
Mi madre salió peor parada porque ella era la responsable, la que me regañaba en su perfeccionismo poco compatible con el desorden intrínseco a mi y que a ella ponía de los nervios.
Y sin embargo me parecía un ejemplo a seguir como mujer, inspiradora, fuerte, moral hasta rozar la inocencia en su mal sentido.
Ahora los años me los han mostrado sin ese pedestal infantil, solo como humanos, con sus vicios, sus manías y desde la perspectiva de iguales, que antes dictaban mi senda, delante y detrás mío, para abrirme paso y protegerme simultáneamente y que ahora se limitan a un suave codazo de vez en cuando dejándome en el esplendor del libre albedrío.
Mi padre ahora ya no es un dios, mi madre ya no es mi ejemplo ni la que me regaña y su relación no es perfecta ni infalible.
Mi padre es maniático, se pone de mal humor si le quedan cosas entre los dientes y odia la arena de la playa; no soporta que mi madre le compre ropa si la tiene que probar en unos grandes almacenes pero consiente en probársela en casa. Devora un libro que espera meses a comprar en solo unas horas para despues decir:- estaba muy bien pero ahora, ¿qué leo?, y nunca jamas sabrá dar una explicación del principio al final; como yo, se le van ocurriendo cosas sobre la marcha y posiblemente comienza hablándote de álgebra y termina hablando de protozoos y de las pirámides de Egipto.
No prueba la sal pero no puede evitar cubrir una carne o un pescado de hierbas hasta que solo se ve verde, no puede dar un abrazo sin hacerte una luxación previamente y despues añade: -no puede doler! es una luxación de cariño!!.
A veces no escucha, en esto me recuerda al perro de los simpson, que solo escucha bla bla bla bla siéntate, pero solo a veces.
A veces pasa noches enteras en vela porque algo le preocupa pero se pone histérico si yo no puedo dormir y me dice (a gritos) que apague la luz.
Mi padre a veces no razona; se obceca en una idea y es casi imposible sacarlo de ella, pero para eso está mi madre.
Mi madre es su yin, enteramente femenina aunque siempre me discute que ella no tiene caderas y la espalda muy ancha.
Nunca se ve guapa aunque todo el mundo se lo diga, y siempre está mirando revistas y colocando señales en el pelo que le gusta y haciendo amplias disertaciones sobre por qué no se lo puede hacer ( tengo poco volumen, la permanente no me aguanta bien, dara mucho calor...)
Mi madre siempre insiste en leer un artículo en una revista o las instrucciones de uso del microondas en voz alta y hasta el final, incluyendo los números de contacto o el nombre de los autores y exige que le prestemos atención únicamente a ella.
No le gusta que mientras habla, la tele o cualquier objeto que pueda distraernos a los elementos de mente dispersa que somos mi padre y yo este encendida.
Siempre nos regaña a mi padre y a mi por el desorden, pero nunca espera a que lo arreglemos nosotros.
Siempre se queja de que tiene poco tiempo para pintar o para realizar otras actividades, pero no puede soportar que una camisa este arrugada o una mancha en las cortinas.
Le encanta comprarse ropa (muy bonita por cierto) anillos y pendientes que luego nunca se pone con un amplio repertorio de razones de por qué no le favorecen lo más minimo.
Mi madre siempre cuenta las cosas desde el principio, aunque el principio lo sepas de memoria y debes atenderla hasta el final ( aunque es probable que nunca llegue)
Mi madre adora a los animales y las plantas, a los que trata como hijos propios y a veces siento celos porque los mima más que a mi.
Le hierve la sangre con las injusticias y se indigna cuando alguien dice algo insultante.
Le hieren las críticas pues las toma demasiado en serio porque se siente inferior a todo el mundo y sin embargo en su fuero interno, no concede crédito a casi nadie porque en realidad es consciente de lo que vale.
Mi madre suele conseguir convencer a mi padre de que cambie de opinión ( cuando él no está desconectado)
Ahora que ya soy mayor he entendido por fin muchas cosas sobre ellos, aunque también sufri la decepción de que no existe la pareja y el amor perfecto cuando descubrí que los tenía idealizados.
Descubrí que a veces mi padre se muestra intransigente y cabezota y que a veces mi madre se comporta de forma caprichosa y suele hacerse la víctima.
Algunas veces he mediado entre ellos, cuando no se quieren escuchar aunque aun no he conseguido que mi padre le compre una rosa y se la lleve a cenar.
Mis padres son divertidos a la observación, siempre que pueden están juntos y suelen estar riendo; son nerviosos, maniáticos, irónicos y a veces pagan sus enfados y sus nervios conmigo.
Sin embargo, nunca han dejado de apoyarme en todo lo que he emprendido.
Son bondadosos, nobles, raros como encontrar un bosque de esmeraldas y aun asi, preciosos.
Son humanos que nunca me han engañado, para lo bueno y para lo malo, aunque doliese lo que tenían que decir.
Nos hemos odiado, peleado, dicho cosas horribles y tambien amado.
Por siempre, aunque a veces cueste.

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