lunes, 3 de marzo de 2008

Antes de entrar, dejen salir

De pequeña mi madre me mostro el cartelito que acompañaba todas las puertas del metro de la linea 1, el cartelito ilustraba unos monigotes negros, uno tachado en rojo como una señal de prohibición que empujaba al otro para introducirse en el metro y otro que permitía la salida del otro muñequito antes de acceder al interior del vehiculo.
La inscripción rezaba; Antes de entrar, dejen salir.
Mi madre me lo enseñó, cuando yo intentaba lanzarme al interior del metro (siempre fui una niña nerviosa y me atemorizaba quedar fuera, o dentro, separada de mis padres) ella me retenía, me sujetaba de la mano y me decía como una cantinela; antes de entrar, dejen salir.
Llegamos al punto de, ella comenzar la frase; antes de entrar...y yo la terminaba ...dejen salir!
-muy bien- decía ella.
Siempre me enseñó estos principios básicos de convivencia con una dulce melodía repetitiva que me los grabó a fuego en la memoria; ahora ya, instintivamente, los respeto.
Y son lógicos: es más sencillo que el metro se vacíe antes de volverlo a llenar; esperas pacientemente unos segundos, la gente de su interior sale y cuando ha salido la última persona, entras.
Es mucho más complicado como lo intentan algunos, que en un arrebato de egoísmo empujan a los viajeros que intentan salir de nuevo al interior del metro se colocan ellos y luego si acaso los demás pueden salir teniendo que recolocar a la mitad de los pasajeros en ese proceso.
No entiendo a esa gente que tienen tantísima prisa que prefieren entrar a un metro abarrotado, oliendo las flatulencias de los demás pasajeros, sin poder respirar ni moverse cuando en el letrero pone muy claro que el próximo metro con el mismo destino pasará en 2 minutos.
¿Qué son 2 minutos de espera en la vida frente a un viaje entero de agobio y claustrofobia?
Pero actualmente somos egoístas: preferimos empujar a esperar unos segundos a que el vagón se desaloje, preferimos viajar como en una lata de sardinas por no esperar unos minutos, preferimos sentarnos nosotros cuando a veces hay personas más cansadas y aceptémoslo; el vagón por si nadie se había dado cuenta, tiene retrovisores, sí, sí, esas cositas grandes y plateadas a los lados de la cabina no son ni para darles golpes a los altos y que están peligrosamente cerca de la línea amarilla, ni para que el maquinista se retoque el tupé; son precisamente para además de ver si viene otro tren detrás, para ver cuando la gente termina de entrar o salir (fi-ja-te, si hasta tienen utilidad)
Si amigos poco observadores, el metro no pita hasta que en un periodo de tiempo relatívamente razonable todos los pasajeros están a bordo, vale que siempre puede tocarte el maquinista cabroncete que te cierra la puerta en las narices, pero también están los que utilizan los retrovisores para verte llegar corriendo y aunque la campanita haya sonado, abrirte la puerta.
Aun contemplo a veces los cartelitos ya un poco amarillentos de la linea 1 y los nuevos que han colocado en todas las demás lineas junto a los de cuidado con la separación del metro y el andén y no intenten entrar y salir despues de oir la señal acústica y casualmente que todo el mundo sigue a pies juntillas estas dos últimas indicaciones, no así la clásica; antes de entrar, dejen salir.
También hay algo que no acabo de entender: cuando yo entro al metro generalmente no es para hacer una sola parada y por lo tanto, procuro retirarme al pasillo para facilitar el acceso en las puertas; pues hay gente que no, hay gente que enrraiza en la puerta impidiendo la entrada y la salida, y digo enrraiza porque esque no hay manera de moverlos, es más, si son las 9 de la mañana te miran con ojos de besugo, interrogativos, preguntándose a que te referiras diciéndoles que si no van a bajar que por dios se retiren del pasillo de una puñetera vez.
Son cosas que no entiendo, dice mi madre que si corren es por coger un asiento ¿pero quíen puede estar tan cansado a las 9 de la mañana? y sin embargo ¿como pueden tener tanta energía para estar repartiendo ostias tan temprano?.
Normalmente y aunque tampoco esté del todo bien me tomo la justicia por mi mano, esto es que me suelo colocar la primera para acceder al metro (debido a mi reducido tamaño nunca encuentro dificultad en escurrirme entre las multitudes) y cuando la gente está saliendo me hago a un lado; en mi pequeña cruzada personal y armada con mi escudo (carpeta Din A3) y mi arma contundente (mochila llena de trastos de pintura) impido el paso a todos esos ansiosos que intentan empujar hacia el interior del metro, es más, suelo ingeniarmelas para que pasen los últimos.
Se que tampoco es correcto, que así no soluciono nada pero me encanta tomar parte en ese pequeño castigo kármico ¿qué vas empujando por la vida? ahora tu eres el empujado.
Supongo que también hay algún beneficiado de todo esto; la gente que intenta salir del vagón, porque realmente yo entro a mi marcha.
Hoy por ejemplo estaba hablando con una compañera en el andén esperando al metro dejando un pasillo delante de nosotras y otro detrás, sin embargo, una señora ha preferido darme un empujón tremendo para abrirse un paso que no necesitaba para llegar al metro, me ha hecho daño, me ha tirado al suelo la mochila y ni siquiera se ha disculpado ¿consecuencia? castigo del karma: ha perdido el metro en sus narices.
Y lo siento, pero me he reido en su cara; me ha mirado sorprendida mientras yo le decía; castigo divino; tu empujas, pierdes el metro.
Hoy al llegar a mi parada unas señoras me han empujado para entrar ellas primero; una incluso me ha dado un pisotón pero en lugar de dejarme salir me han empujado hacia dentro para entrar ellas primero; y no he podido reprimirme, el hecho de sentir una violación de lo que yo considero uno de mis principios de conducta básicos tan clara y tan descarada me ha hecho descargar la rabia que llevo acumulando unos días: y he montado en cólera.
No suelo levantar la voz pero a esta mujer si le he gritado; la he empujado fuera del vagón y a voz en grito he dicho:- maldita sea no será mejor que salga yo antes de que entre usted??!!
La mujer me ha mirado indignada y me ha dicho - ai perdona hija, que humos
-ni humos ni leches so maleducada!!!!
Vale, no consigo nada poniéndome así, vale, mi pequeña cruzada personal es un absurdo total, pero qué quereis que os diga, para mi sigue siendo importante.
Si tenemos expectativas de entrar a una empresa a trabajar primero tendrá que haber un puesto vacante, antes de matricularnos en una escuela antes tendrá que haber una plaza libre y esto solo puede suceder si antes sale alguien, antes de que entremos nosotros, tiene que salir alguien.

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