miércoles, 27 de febrero de 2008

Las espinitas del olvido

Llevaba un tiempo reservándome la entrada que corresponderia a la visita número 400, evidentemente os debo un agradecimiento a todos los que leeis estos largos artículos, se que a veces pueden ser un poco densos y yo sigo en mis 13 de no arreglar más el blog, lo siento por Cinn que me dice que se marea leyendo porque no hago sangrados, por Drusco que dice que es un blog feo porque no tiene fotos ni avatares, pero que quereis que le haga? lo que me interesa es el contenido y no el contenedor y tengo lectores de mente dispersa que solo hacen que preguntarme una y otra vez cuando voy a colgar fotos en las que salgan y lo siento por ellas pero no llevo intención de hacer eso (leed la entrada 1, puede haceros falta recordar algunos matices)
Por último debo de agradeceros a Cinn, a Drusco, a Von y a Manolín alias el Cariñoso que el 75 % de las 400 visitas sean vuestras y porque sois los únicos que comentais, que le vamos a hacer.
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Ayer fue uno de esos días malos malos, horribles y el día de hoy ha sido sustancialmente mejor pero me ha durado esa pesadumbre que dejan los días en los que lloras, interna y exteriormente, una media de 6 horas.
Sin embargo hoy he tenido que componerme y escuchar a una amiga durante el camino de vuelta en el metro las dudas que tenía sobre que hacer con su novio (que pasa un poquito de ella) y con su ex novio (que le viene ahora detrás)
Por discrección y respeto no revelaré su nombre, como siempre hago, pero me tendrá que disculpar porque para introducir el tema tengo que hablar de ella también.
Venía angustiada, preguntándome que debía de hacer y me he sentido halagada cuando ha dicho que era a la única a la que hacía caso (lo cual también podría hacerme responsable de un error si lo hubiese).
Me ha puesto las canciones que le recordaban a su ex y que hacían que al escucharlas, su cabeza diese aun más vueltas, y aunque no lo haya demostrado, y continuase sonriendo mientras me lo contaba yo se que estaba pasando un mal trago.
A veces, como perritos de Pavlov, asociamos un sonido, una canción a una situación de nuestra vida, a un momento y cuando escuchamos esa canción ese momento viene a nuestra memoria, límpido y claro y una herida se nos abre.
He contestado con la mayor sinceridad que me era posible, advirtiéndola que lo mio solo era una opinión, que era lo que yo haría y no un consejo.
Si ese otro chico es una espina clavada, lo mejor es que la saques y cuanto antes, porque como cuando te clavas una astilla de madera en la palma de la mano, puede infectarse un recuerdo, y supurar cada vez.
Aquí ella ha sonreído y se ha alterado:
- me estás diciendo que...
-no, yo no he dicho eso que estás pensando, yo estoy diciendo que hagas lo posible por darte cuenta tu misma de que esa espina que tienes no es la opción correcta.
(evidentemente hablo con conciencia de causa y sabiendo el historial de las dos relaciones)
- entonces que hago?
Entonces, ¿qué se hace? ¿cómo cierras tu mismo una herida que no quiere cerrar por si misma? ¿algo que ni el tiempo no puede curar?
Como es mi costumbre, me he puesto yo misma de ejemplo, recordando viejas espinas y haciendo saltar algunos puntos de sutura;
Afortunadamente, yo no tengo ese problema con mi pareja, por primera vez en mi vida no tengo dudas, y las espinas de lo que pudo haber sido y no fue quedan relegadas a simple curiosidad que no me atormenta.
Sin embargo, cuando ella ha bajado del metro, he puesto una canción de esas que te prohiben todos los médicos cuando estas en rehabilitación todavía; la de mi herida más profunda y dolorosa.
Además, el recuerdo que le corresponde a esta música es muy intenso, de forma que he tenido que prescindir durante dos años de escucharla.
No era la primera vez, desde luego, y soy perfectamente consciente de que segundas partes nunca fueron buenas como me planteé seriamente hace algún tiempo ya, y la verdad es que el recuerdo empieza a ser borroso, tenue, tanto que a veces dudo de si lo soñé o me ocurrió en esta vida.
¿Cuánto tiempo es necesario para reponerse? ¿Cómo nos sacamos las espinas que nos clavamos en todas las relaciones que emprendemos?
Algunas salen rápido, con un simple apretón de los dedos, otras se quedan permanentes y periódicamente se reabren para recordarnos su existencia.
Yo ya he eliminado todas las contraindicaciones posibles, he alejado al máximo posible a esa persona de mi vida y no por las dudas (no tengo ninguna duda de que es un perfecto subnormal) sino porque la herida tarda mucho más en desaparecer si no sigues los consejos de tu doctor.
Mientras escribo esto escucho una y otra vez la canción maldita, como un bucle sin fin, y comienzo a desligar el recuerdo de una melodía que me encanta, y creo que lo haré como terapia de choque hasta dejarla completamente limpia.
Si lees esto, querida, y puedes sacar algo que te sirva me alegraré de haberte podido ayudar.
Porque olvidar, es una de las cosas más difíciles que hay.

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