jueves, 14 de febrero de 2008

La tragedia del día de San Valentín

Como le dije a una amiga mía en clase; si el jueves no estreno esa faldita preciosa que me compré pégame un tiro, porque no me gusta gastar dinero sin ton ni son y porque la tenía 4 meses ya en el armario sin saber muy bien que hacer con ella.
Así que le dije; - aunque llueva, aunque nieve, aunque tenga que apartar los pingüinos a patadas, el jueves me hace ilusión ponerme la falda.
No me he amedrentado cuando al levantarme he visto el cielo completamente gris y amenazando con lluvia, tampoco lo he hecho cuando he salido a la terraza a comprobar el tiempo que hacía y casi me quedo en el sitio cual figurita de escarcha.
Muy al contrario, me he puesto la faldita diminuta, un lazo violeta al cuello, me he pintado los labios cual muñequita y he guardado en mi carpeta con sumo cuidado el sobre lacrado en cera morada para una persona especial.
Nada podía desanimarme hoy, recibía los empujones de desayuno con una sonrisa, escuchando una de mis selecciones de música moñas preferidas en las que aparece absolutamente todas la palabra amor.
Y por lluvioso que fuese el día o raro que me mirase la gente, yo hoy estaba feliz.
He estado esperando el metro bailoteando en la parada para aguantar el frio (el baile de la gamba lo llamo yo, primero en una pata y luego en la otra) el señor que estaba delante mio me miraba con gesto entre sorprendido y risueño, supongo que debe de ser raro ver a una gótica sonreir.
Y he entrado a clase cantando (aquí es donde desvío el tema lejos de los raíles del metro, pero hoy lo necesito)
He leído el periódico gratuito en el que 6 de las 20 páginas que tiene estaban dedicadas al amor, a San valentín, a los bombones y a los consejos parejiles que daban.
Nunca ha sido un día importante para mi, y sin embargo hoy lo ha sido, porque yo creía en ello, porque estaba ilusionada, no por el día en si mismo, sino por las ideas que yo me había hecho.
Conforme pasaban las horas me iba desilusionando cada vez más, desde la hora del almuerzo a la hora de salir todas las esperanzas se iban haciendo cada vez más pequeñas, enrollándose entre ellas, sobre sí mismas, convirtiéndose en un pequeñísimo nudo hasta que - plaf- han explotado.
Y de pronto, ni ilusión, ni carta, ni falda, ni canciones...
La vuelta en el metro si que ha sido una imagen típica gótica, la joven depresiva y seria en un rincón a la que todo le molesta, pero no he podido utilizar la técnica del dolor silencioso del tema anterior porque mi madre también venía conmigo en el metro hoy.
Ha notado la diferencia de estado entre esta mañana y ahora pero no ha hecho preguntas, me conoce demasiado como para preguntar, sabe que ya se lo diré cuando lo necesite.
He llegado a casa y me he quitado la falda y la he devuelto a su exilio en el armario mientras la intercambiaba por mis modestos vaqueros, me he quitado la cinta violeta y la he devuelto a su lugar en el joyero porque no me apetece volver a verla en un tiempo, me he desmaquillado y supongo que dentro de unas horas, entre el aburrimiento del examen que tengo que estudiar para mañana y el cabreo, romperé la carta.
Y esta es la razón por la que yo no me ilusiono nunca con San valentín.

1 comentario:

VoNDaLv dijo...

Bueno mi vida, que decirte que no te haya dicho ya... No ha podido ser, por una cosa o por otra, me han jodido bien.

Lo siento, sólo puedo decir esto, pues podría haber buscado otra forma creo yo... Pero mira... T_T

Te quiero, te lo diré y demostraré las veces que haga falta, hoy ha sido un día fatídico en ese aspecto, lo sé, sé la ilusión que te hacía (y la que me hacía a mí también) pero... pff...

Te quiero...