El rescate periquita

Había quedado con un amigo para pasar la tarde dando una vuelta.
El andén estaba particularmente lleno puesto que el metro llevaba un retraso de unos diez minutos y aun se retrasó otros quince.
Yo decidí tomármelo con filosofía y estar tranquilamente escuchando música hasta la llegada del metro.
Bajaron desde un árbol cercano a la estación cuatro gorriones a picotear en la vía, los estuve mirando un rato ya que me encantan los pájaros y seguí pensando en mis cosas, cuando de pronto vi caer un quinto pájaro a la vía, esta vez de color blanco.
Me extrañó porque no hay pájaros blancos de ese tamaño por aquí; lo que había caído era una periquita azul y blanca preciosa.
Estaba agazapada, acurrucada contra la vía muerta de miedo. Intenté atraer su atención lanzando cerca de ella un par de papelitos que llevaba en el bolso para asustarla y que se apartase de ahí, ya que si venía el tren la aplastaría.
Pero ella no se movía.
Estuve dudando durante mas de diez minutos si bajar a la vía o no a recogerla, pero se que posiblemente me hubiesen temblado las manos y temiendo dañarla no la hubiese agarrado con la suficiente fuerza y podríamos haber pasado toda la tarde arriba y abajo antes de conseguir atraparla.
Cuando comenzó a bajar la barrera y vislumbré a lo lejos el tren del sentido contrario al nuestro pensé que había perdido un tiempo muy valioso.
Mientras me debatía entre bajar o mirar hacia otro lado se acercó a mi una señora y me dijo:
-¿Es tuyo?
-No, pero lo llevo mirando desde que cayó
-Sujétame el bolso
Todo fue muy rápido, la señora me dio el bolso, bajó a la vía de un salto mientras el metro pasaba y cogió rápidamente a la periquita con una mano y subió al andén de nuevo.
La puso en mis manos con suavidad mientras las gotitas de sudor le caían por la frente y dijo:
-¿Lo quieres? yo no puedo tenerlo porque mi hijo es alérgico...
-Claro, muchas gracias, eres mi heroína
La mujer se rió, recogió su bolso y se subió al metro que por fin en ese momento llegó.
Llamé a mi amigo, con la periquita entre las manos para decirle que no podría verle hoy y lo que había pasado.
En el camino hacia mi casa le puse el nombre que ahora lleva: Tûile y le estuve hablando para intentar tranquilizarla; cuando le hablaba se quedaba quieta y acurrucada como escuchando, y después, al no resultarle demasiado convincente me picaba los dedos y no se soltaba hasta que yo volvía a hablarle.
Ahora ya está instalada en la jaula que le compré ayer de emergencia, parece que no hacía mucho tiempo que se había escapado porque la pobre vuela fatal, esta muy limpia y sana y hasta ha comido.
Ayer el color de buena fortuna era el azul, y por ello iba vestida de azul, como las plumas de Tûile.
Me arrepiento un poco de haber pecado de prudente y no haber tenido el atrevimiento de esa mujer que no se lo pensó dos veces, cuando todo el mundo miraba a la vía y seguía sus conversaciones tan tranquilo, hay gente que se preocupa y sufre por algo tan insignificante, insignificante como un periquito fugado, pero al fin y al cabo, algo tan importante como una vida.

Comentarios

Alejandro ha dicho que…
*.*

qué bonito...


ya me la presentarás :)

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espero algún día saber escribir tan bien como tú

saludos


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