domingo, 13 de enero de 2008

El rescate periquita

Habia quedado con un amigo para pasar la tarde dando una vuelta.
El andén estaba particularmente lleno puesto que el metro llevaba un retraso de unos 10 minutos ya y aun se retrasó otros 15 más.
Yo decidí tomármelo con filosofía y estar tranquilamente escuchando música hasta la llegada del metro.
Bajaron desde un árbol cercano a la estación 4 gorriones a picotear en la vía, los estuve mirando un rato (me encantan los pájaros) y seguí pensando en mis cosas, cuando de pronto vi caer un quinto pajaro a la vía, esta vez de color blanco.
Me extrañó porque no hay pájaros blancos de ese tamaño por aquí; lo que había caido (literalmente) era una periquita azul y blanca preciosa.
Estaba agazapada, acurrucada contra la vía muerta de miedo. Intenté atraer su atención lanzando cerca de ella un par de papelitos que llevaba en el bolso para asustarla y que se apartase de ahi, ya que si venía el tren la aplastaría.
Pero ella no se movía.
Estuve dudando durante mas de 10 minutos si bajar a la vía o no a recogerla, pero se que posiblemente me hubiesen temblado las manos y temiendo dañarla no la hubiese agarrado con la suficiente fuerza y podríamos haber pasado toda la tarde arriba y abajo antes de conseguir atraparla.
Cuando comenzó a bajar la barrera y vislumbré a lo lejos el tren del sentido contrario al nuestro pensé que había perdido un tiempo muy valioso.
Mientras me debatía entre bajar o mirar hacia otro lado se acercó a mi una señora y me dijo:
-Es tuyo?
-no, pero lo llevo mirando desde que cayó
-sujetame el bolso
Todo fue muy rápido, la señora me dió el bolso, bajó a la vía mientras el metro pasaba y cogió rápidamente a la periquita y subió al andén de nuevo.
La puso en mis manos y dijo;
-lo quieres? yo no puedo tenerlo porque mi hijo es alérgico...
-claro, muchas gracias, eres mi heroína
La mujer se rió, recogió su bolso y se subió al metro que por fin en ese momento llegó.
Llamé a mi amigo, con la periquita entre las manos para decirle que no iría a verlo y lo que había pasado.
En el camino hacia mi casa le puse el nombre que ahora lleva: Tûile y le estuve hablando para intentar tranquilizarla; cuando le hablaba se quedaba quieta y acurrucada como escuchando, y despues, al no resultarle demasiado convincente me picaba los dedos y no se soltaba hasta que yo volvía a hablarle.
Ahora ya está instalada en la jaula que le compré ayer de emergencia, parece que no hacía mucho tiempo que se había escapado porque la pobre vuela fatal, esta muy limpia y sana y hasta ha comido.
Ayer el color de buena fortuna era el azul, y por ello iba vestida de azul, como las plumas de Tûile.
Me arrepiento un poco de haber pecado de prudente y no haber tenido el atrevimiento de esa mujer que no se lo pensó dos veces, cuando todo el mundo miraba a la vía y seguía sus conversaciones tan tranquilo, hay gente que se preocupa y sufre por algo tan insignificante, insignificante como un periquito fugado, pero al fin y al cabo, algo tan importante como una vida.

1 comentario:

Alejandro dijo...

*.*

qué bonito...


ya me la presentarás :)

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espero algún día saber escribir tan bien como tú

saludos


http://www.fotolog.com/rediar_x